jueves, 24 de noviembre de 2016

Tic, tac, tic, tac

Tic, tac, tic, tac

Tic, tac, tic, tac. La insistencia del reloj me persigue en mi anodinos segundos. Me martillea una y otra vez las sienes socavándome el ánimo y agotando mi paciencia. Tic, tac, tic, tac. La afilada y esbelta aguja se mueve, con su inexorable y monótono paso, por toda la Esfera. Tic, tac, tic, tac. Pasa una y otra vez por el mismo lado, pero sin parecer darse cuenta. Normal, no tiene conciencia de sí misma. No se mueve por decisión propia, sino por la del Mecanismo. Tic, tac, tic, tac. Mi sombra, la sombra de la manecilla, es la única que camina detrás de mí. Soledad. Sí, estoy solo. Solo y abandonado a mi suerte en una ruidosa multitud que sólo me ofrece eso: ruido. Tic, tac, tic, tac. La obstinada onomatopeya me ahoga, me afixia, me mata. Tic, tac, tic,... Silencio ¿Y el Tac? ¿Dónde está el Tac? No lo oigo. Oigo a mi corazón, oigo a la multitud, pero no oigo el reloj. Felicidad. Sí, esto debe de ser a lo que llaman felicidad. ¡Soy libre! ¡Ya no tengo que girar más alrededor de esa estúpida esfera! ¡Un momento!... Ningún componente del reloj se mueve. Todo está quieto, detenido, sereno, con esa angustiosa calma que presagia el desastre. No oigo nada. Sólo se oye el sonido del silencio... Silencio... Silencio... ¿Estaré muerto? ¿Es por eso por lo que no oigo el infernal Tac? Sí, esto es. Estoy muerto. Mi insignificante vida ha terminado... ¡TAC! El estrépito rompe la calma. No hay quietud, no hay silencio, sólo hay tic, tac. El ritmo es frenético, la velocidad se ha adueñado de todo. tic, tac, tic, tac, tic, tac ¡Calla, ruido infernal! tic, tac, tic, tac, tic, tac ¡Calla, ruido ensordecedor! tic, tac, tic, tac, tic, tac. ¡Calla, eco de mi vida vacía!  tic, tac, tic, tac, tic, tac. Sí, estoy seguro. Ahora es cuando realmente estoy muerto. El ruido de la gente es el que me mata; y mientras que viva estaré muerto.

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