Tic, tac, tic, tac
Tic, tac, tic, tac. La
insistencia del reloj me persigue en mi anodinos segundos. Me
martillea una y otra vez las sienes socavándome el ánimo y agotando
mi paciencia. Tic, tac, tic, tac. La
afilada y esbelta aguja se mueve, con su inexorable y monótono paso,
por toda la Esfera. Tic, tac, tic, tac. Pasa
una y otra vez por el mismo lado, pero sin parecer darse cuenta.
Normal, no tiene conciencia de sí misma. No se mueve por decisión
propia, sino por la del Mecanismo. Tic, tac, tic, tac. Mi
sombra, la sombra de la manecilla, es la única que camina detrás de
mí. Soledad. Sí, estoy solo. Solo y abandonado a mi suerte en una
ruidosa multitud que sólo me ofrece eso: ruido. Tic, tac,
tic, tac. La obstinada
onomatopeya me ahoga, me afixia, me mata. Tic, tac, tic,...
Silencio ¿Y el Tac?
¿Dónde está el Tac?
No lo oigo. Oigo a mi corazón, oigo a la multitud, pero no oigo el
reloj. Felicidad. Sí, esto debe de ser a lo que llaman felicidad.
¡Soy libre! ¡Ya no
tengo que girar más alrededor de esa estúpida esfera! ¡Un
momento!... Ningún componente del reloj se mueve. Todo está quieto,
detenido, sereno, con esa angustiosa calma que presagia el desastre.
No oigo nada. Sólo se oye el sonido del silencio... Silencio...
Silencio... ¿Estaré muerto?
¿Es por eso por lo que no oigo el infernal Tac?
Sí, esto es. Estoy muerto. Mi insignificante vida ha terminado...
¡TAC! El estrépito
rompe la calma. No hay quietud, no hay silencio, sólo hay
tic, tac. El ritmo es frenético,
la velocidad se ha adueñado de todo. tic, tac, tic, tac,
tic, tac ¡Calla, ruido
infernal! tic, tac, tic, tac, tic, tac ¡Calla,
ruido ensordecedor! tic, tac, tic, tac, tic, tac. ¡Calla, eco de mi vida vacía! tic, tac, tic, tac, tic, tac. Sí,
estoy seguro. Ahora es cuando realmente estoy muerto. El ruido de la gente es
el que me mata; y mientras que viva estaré muerto.
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