Angustia
¡Qué angustia! ¡Qué desesperación! ¡Qué agobio! Siento
opresión en la cabeza. Frío y a la vez calor. Aburrimiento ante la
vida. No paro de moverme por toda la habitación, inquieto, sin saber
qué hacer, sin rumbo. Mi respiración agitada me estresa, pero no
puedo detenerla. No puedo dormir, no puedo concentrarme; no puedo
hacer nada. Mis rápidos pies van acompasados con mis veloces
pensamientos. Pasan, pasan, pero ninguno da respuestas. Una sensación
insoportable me invade el cuerpo ¿Qué es lo que siento? Imposible
describirlo. Una tensión interior me impide pensar por claridad. Mis
dedos golpean con fiereza las teclas del teclado mientras se
retuercen en cuanto tienen tiempo. Miro una a una las cuatro esquinas
de la habitación, esperando, en vano, encontrar allí respuesta a
algo. No puedo más. Me levanto una vez más y al mismo tiempo que
proyecto un grito a las esquinas, sin razón alguna, de un impulso
lanzo al suelo todos los libros de la estantería, acto tras el cual me arrodillo con
las manos en la cabeza a la vez que golpeo el suelo con los puños.
¿Es rabia contenida? ¿Algo reprimido dentro de mí? Yo que sé.
Sólo quiero que esto se acabe ya. Ojalá vuelva a ser el alegre y vital chaval que era antes.
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